MARÍA A Secas Volver al diario

Diario · Salud mental

Se me despegó el diurex

Una reflexión sobre sentir demasiado, dejar de aparentar y permitirme ser María con todo lo hermoso, caótico y vulnerable que eso implica.

Ha pasado tanto tiempo desde que me siento a escribir por mero impulso, sin “tener que”. Han sido meses difíciles —o más bien, abril fue un puto huracán.

Mi principal consejo: neta, no se droguen. Me metí M y fue como iniciar un viaje para el cual no estaba preparada —según yo— pero aparentemente sí lo estaba: un viaje de recordar que nunca he sido normal. Y aunque eso me hizo sufrir mucho cuando era niña, la realidad es que hoy ese “ser distinta” es lo que me hace tan única.

Me encanta, aunque a veces sea doloroso sentir que no soy parte de nada. Que soy la rara, la oveja negra, la loca, la que tiene “un problemita”, la que no es normal. Porque la gente te lo dice —quizás como halago— pero en un mundo que te enseñó que ser diferente era malo, cuando no cabes en ese molde puede ser de las cosas más dolorosas que puede vivir un ser humano: sentir que no perteneces, que tienes que aparentar para agradar, que quizás eres demasiado para este mundo.

¿Y yo qué puta culpa tengo de haber nacido con esta personalidad que al mundo le parece excesiva?

Yo siento todo diez mil veces más de lo que tú lo sientes. Me enteré hace poco —toda la vida creí que todos vivíamos las emociones como yo las vivo— y son una puta locura: puede ser el día más feliz de mi vida, o puedo no querer salir de la cama durante días, o quizás ambos, y más, en el mismo día.

Mi mente vuela. Y a veces siento que estoy loca —pero no loca como en una chick flick, no. Verdaderamente loca. Que se me está despegando el diurex, que estoy perdiendo la cabeza de verdad. Me veo internada con mi bata blanca y amarrada a la cama (qué rico) porque esta vez la locura se me fue de las manos.

Y entre intentar pertenecer y no perder tanto la cabeza, vivo en una especie de limbo: soy yo, pero no realmente, porque no sé en qué momento me dio tanto miedo serlo. Me tuve que cuidar para sentirme parte de… pero quizás hoy estoy lista para ser yo de verdad. Dejemos a María ser María, con todo lo hermoso, caótico, loco y vulnerable que eso implica.

Te juro que parece que estoy en cocaína. Me quiero comer el mundo, la vida, amar intensamente, reír con mis amigos, viajar con mi familia, hacer reír a la gente, hacer que todos tengan los orgasmos más increíbles de su vida.

Me apasiono de verdad —cuando algo me gusta, me obsesiono por un par de semanas hasta que me aburro— y aplica para casi todo. Quizás es parte de mi TDAH, que me autodiagnostiqué porque tenía mucho sentido tenerlo. Lo sigue teniendo.

Pero después de un gran pasón viene un gran bajón. Ese donde tengo que meterme al caparazón, donde mi cabeza está tan sobreestimulada que es difícil convivir con alguien que no sea yo. Esos días donde escuchar hablar a los demás me resulta agotador. Estoy exhausta. Es mi tiempo fuera, y lo disfruto tanto. Irme al interior para luego poder volver a salir con esa energía que siempre me ha caracterizado.

Pero lo que la gente no sabe es que también soy una persona que siente tristeza —mucha— y no solo eso: tengo una ansiedad terrible, soy una perra controladora, le doy vueltas a todo y me da tanto miedo ser yo, porque sentir tanto es aterrador.

¿Es algo que me hace única? Sin duda. O eso diría mi psicóloga (saludos, que seguro estás leyendo esto): “Solo el 10% de la población siente así.” ¿Suerte o maldición? Soy una gran artista por eso, sin duda alguna. Pero a veces es demasiado lidiar con emociones tan intensas que te consumen la cabeza, que no puedes parar de darle vueltas a ciertas cosas.

Y una de las cosas más difíciles es que la gente no entiende realmente lo que estás pasando, entonces la empatía no es algo que reciba con mucha frecuencia.

Pero ah —cuando encuentras a tu tribu, con neurodivergencias y todo— algo se acomoda en el corazón. Se siente como un apapacho colectivo. Ya no eres solo “la loca”: eres una más de las locas. Y lo mejor… ¡está perfecto serlo!

Quizás ahora estoy más lista para ser María: la que está realmente desquiciada, esa niña que siente tanto, y que si ella te ama, vas a saber lo que es que te amen bonito. Intenso, apasionado y con todo el corazón.

¿Acaso hay otra manera de hacerlo?

No debería.

M.

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