Diario · Deseo
Entre Lola, Ramona y el pitote perfecto
Un párrafo diario terminó abriendo la puerta a mis alter egos, la complacencia, el miedo al abandono y todo lo que siento sin filtro.

No quería irme a dormir sin cumplir mi reto de escribir por lo menos un párrafo al día. Casi no lo hago. Me justifiqué. ¿La razón? Estoy bien cansada, la verdad… Y sí, me levanté temprano.
Lo primero que hice fue entrar como una loca desesperada a Bumble para ver si ese hombre —del cual ni siquiera recuerdo el nombre— me había escrito.
Debo confesar que sí: un par de días me tuvo ansiosa, pendiente del teléfono, haciéndome elegir a sus horas, sus tiempos… y haciendo el mínimo esfuerzo para coger conmigo.
Ah, qué rico se siente decirlo —o bueno, escribirlo—: una vez más, conformándome. Y esta vez, con un palo mediocre. Porque no te mientas, María: no fue tan increíble el sexo. La primera vez estuvo promedio. No mal. Terminaste. Y sí, él físicamente me provoca muchas cosas. Pero emocional y mentalmente… no.
Tengo ganas de una(s) pareja(s) que primero que nada me mame el culo como nadie más, que me deje sentarme en su carita, que le encante chuparme, besarme, ir lento, suave, pero luego rudo.
Me urge un dom. Lo sueño demasiado. Pero no estoy buscando en los lugares correctos. Quizá es hora de explorar de verdad el mundo del BDSM. No solo leerlo. No solo entrevistarlo. Buscarme un dom. Mi alma me lo pide a gritos.
Hoy vi una serie que se llama Dying for Sex. Va de una paciente terminal de cáncer que decide empezar a explorar su sexualidad porque se dio cuenta de que le queda poco tiempo. Y hasta donde voy ahora, es un viaje por el BDSM. Han sacado unas escenas que me ponen la piel chinita. Es erótica, tiene comedia, y es tragedia pura al mismo tiempo. Una verdadera genialidad.
Me voy a dormir. Hasta mañana.
Siempre empezar a escribir es la parte más difícil
Porque mientras mis manos no están en el teclado, imagino cientos de reflexiones. Llego pensando: voy a escribir sobre el poder de ponerte lencería, y cuando me siento frente a la computadora… el cerebro se pone en blanco.
Y es que, ¿por dónde empiezo?
Tal vez algo que no sepan de mí es que soy un ser sumamente emocional. Siento tantas emociones en un solo día… Y si a la emoción le combinamos la hormona, ¡olvídate! Y si a la hormona le sumamos el enamoramiento (o el desamor)… el resultado es una emoción por segundo.
Me gusta sentir mucho. Aunque a veces no sea fácil. Aunque a veces la gente no entienda lo que estoy viviendo.
“¡No seas exagerada!” Es de las frases que más he escuchado en mi vida. La exagerada. Jajaja. Ay, me caigo a toda madre. De veras que sí. Pero no exagero. Lo siento. Me drena. Me inunda.
Y la realidad es que últimamente he sentido que no he tenido mucho tiempo para sentir. O más bien, no me he dado el espacio para hacerlo. Prefiero bloquearlo. Por eso siempre que dejo de tomar me inunda una ola de emociones que llevaba tiempo silenciando. Años, incluso.
Me cuesta trabajo vulnerarme con ustedes. Porque sí, soy esta súper mujer diosa, poderosa, favorita de Dios… pero también soy esta humana que es un verdadero caos emocional.
Y ambas somos parte del paquete. Bueno, no somos dos. La verdad, somos como veinte. Fragmentada en distintas personalidades.
Si nos vamos a Intensamente, así se ve mi cabeza. Socialmente, podría identificarme como Alegría. Siempre me han dicho: “Estar contigo me sube la energía. Eres bien alegre, tu vibra es bien bonita…”
Y he aprendido que ese es el rol que me toca: sostener a todos con mis chistes para que su día mejore.
Pero raramente alguien me pregunta a mí: ¿cómo estás tú?
Creo que me la paso sosteniendo gente todo el tiempo. Y no quiero decir que no me sostengan, pero a veces siento que no es recíproco. Y lo más triste de todo: yo no me sostengo. Todos primero. Menos yo. Porque eso soy: una perra complaciente.
Hace poco tiempo descubrí que soy una perra complaciente… socialmente hablando. Porque sexualmente siempre lo he sabido. Bueno, no solo sexualmente. También en pareja. Hago todo para que no se vayan. Y eso incluye lo sexual, lo emocional, lo económico. Todo lo que pueda complacer.
Me da terror que me dejen. Es de mis heridas más profundas. Pero no solo me da miedo que me dejen mis parejas. También me da miedo que me dejen mis amigas.
Y claro, sus orígenes son dos:
- El divorcio de mis papás cuando iba en quinto de primaria.
- Ser bulleada en la primaria.
Traumas de la niñez reflejados en mi adultez. Mi María adulta se hace cargo bastante bien y cuida mucho a la niña. María adulta es fuerte, segura, chingona. Pero mi María chiquita… es una niña con los ojos gigantes, llenos de miedo. Sintiéndose sola. Sin encajar. Sin su lugar. Pensando que su familia se destruyó. ¿Qué pasó con el felices para siempre?
Mi niña se siente fea. Cree que no merece ser elegida. Y que tiene que hacer mil cosas para que la elijan. Para que alguien se quede.
Lo tengo clarísimo. Pero eso no evita que hoy, en la actualidad, siga complaciendo.
Dentro de mí viven dos fuerzas claras: Lola y Ramona.
Lola está LOCA. Es libre, fabulosa, atrevida, divertida. La que inhala cocaína de un pene, hace tríos, va a saunas, ama el sexo grupal. Lola es todo lo que quiero ser sin miedo.
Y Ramona... monógama, conservadora, soñando con casarse, tener hijitos, mantener el hogar bonito. Ramona aparece cada vez que me enamoro. Empieza a querer cambiar todo para encajar, para gustar, para no quedarme sola.
Cuando estoy con J., Ramona sale. Y aunque no actúe como ella, sí la siento dentro. Y aunque me diga que no me voy a volver a hundir por un hombre… me descubro pensándolo a él todo el día.
No dormí un carajo. Estoy en el camión, llegando a Puebla. Y mientras veo por la ventana… lloro un poquito.
Extraño muchísimo a J.
Extraño su olor, su altura, sus manotas, su pecho. Extraño que me apapache, que me dé besos, que me diga pendejadas. Extraño cómo nos reímos de todo, cómo me chinga por mis errores de inglés, cómo nos burlamos de nuestras diferencias.
Extraño sentir que embonamos. Que su cuerpo y el mío se entienden. Que sus manos saben dónde ir. Y que yo, con él, me siento amada, deseada, cuidada.
Y sí, también extraño coger con ese pitote perfecto que tiene.
M.