MARÍA A Secas Volver al diario

Sexualidad · Diario

Como una cucaracha: caliente, solitaria y resistente

Calentura, masturbación, síndrome del impostor y una cucaracha gigante compartiendo la misma habitación.

Hace mucho que no estaba tan caliente.

Y con “mucho” me refiero a que quizás la última vez fue cuando ovulé... hace poco más de un mes.

Pero esta vez siento una calentura distinta. Acumulada.

No he podido sacarla del cuerpo. O bueno, sí… pero a pura manoseada.

Y últimamente he regresado a usar solo las manos. Me gusta.

Me gusta sentirme, acariciarme, consentirme. Que no sea tan mecánico. Que sí tenga un poco de conexión espiritual.

OJO: sin satanizar a los juguetes, que los AMO. Real, los amo.

Siempre los voy a amar. Son grandes herramientas, pero —como todo en mi vida— he tenido un par de conductas adictivas, para ser honesta.

Ok. Lo admito. Soy adicta a masturbarme.

Y más con juguetes.

Ha sido una forma de escape. O tal vez ese subidón de dopamina que te da un buen orgasmo.

Y si algo sé hacer, es tener orgasmos increíbles.

Para mi buena suerte, cada vez son mejores.

He aprendido a escuchar a mis orgasmos: a veces son ruidosos, otras veces liberadores, y algunos simplemente... mecánicos.

Esos últimos son mis menos favoritos.

Una buena manoseada puede ser igual de poderosa que una buena cogida.

Y una mala manoseada... es el espejo de ese sexo mediocre que muchas veces tenemos.

Eso no quiere decir que de vez en cuando no se valga una manoseada exprés, o una que dure todo el día, de esas donde solo sales del cuarto para hidratarte.

(Mis días favoritos, la verdad.)

Y escribo esto mientras una cucaracha gigante me observa.

Sí. Una puta cucaracha.

Las odio. Me dan ansiedad.

No han hecho nada malo más que existir y ser asquerosas.

Pero ahí está. Existiendo.

Como yo. Caliente. Existiendo.

Fin de la pausa comercial sobre cucarachas.

Últimamente también he sentido mucho el síndrome del impostor.

Y aunque esto no tenga que ver ni con masturbación ni con cucarachas… es la verdad.

Me han pasado cosas mágicas que a veces me cuesta creer. Como si todo lo que he logrado fuera suerte y no talento. Como si no fuera suficiente.

Pero en el fondo sé que sí tengo talento.

Tengo talento para masturbarme.

Y también para hacer reír a la gente.

Solo que me comparo todo el tiempo. Y ahí está el maldito problema.

Porque como dice la frase que amo: “Nadie es como tú, y ese es tu poder.”

Pero ¿por qué nos empeñamos en ser como el de enfrente? ¿Por qué no valoramos lo que SÍ somos capaces de hacer, de sentir, de crear? Siempre queriendo lo que tiene el otro.

Incluido su marido.

(Ay no es cierto… Sí es cierto.)

Estoy en un camino de sanar mi sexualidad. Y aunque hoy estoy hirviendo, estoy eligiendo hacerlo diferente.

Hoy me voy a hacer cargo yo de mi calentura. No le voy a escribir a ninguno de mis novios extranjeros para pedirles una foto polla. No voy a mandar indirectas. No voy a actuar desde la urgencia.

Hoy me pertenezco.

Hoy voy a ser como una cucaracha: solitaria, ágil y discreta.

M.

Más pensamientos, menos filtros.Seguir en Instagram